martes, 14 de agosto de 2018

EL PLAN PERFECTO DE DIOS SE CUMPLE CON NUESTRA OBEDIENCIA.


EL PLAN PERFECTO DE DIOS SE CUMPLE CON NUESTRA OBEDIENCIA.
ESAÚ DESPRECIA LA PRIMOGENITURA.
La muerte de Abraham; el nacimiento de Jacob y Esaú; Esaú vende su primogenitura; Isaac bendice a Jacob con el Pacto de Abraham.
Un día cuando Esaú volvía « . . . del campo, cansado, dijo a Jacob: Te ruego que me des a comer de ese guiso rojo, pues estoy muy cansado». Jacob, conociendo bien el carácter de su hermano, le dijo: «Véndeme en este día tu primogenitura» (Génesis 25:29-31). Esaú no tenía interés alguno en las cosas espirituales, y así concedió, diciendo: «He aquí yo me voy a morir; ¿para qué, pues, me servirá la primogenitura?» (25:32-34). Es dudoso que Esaú estaba al punto de morir por dejar de comer un día. Aunque fue calumniado por Esaú y por otros, Jacob, en hecho, compró la primogenitura por la cantidad que Esaú la valoró. Pero más importante, Dios le había dicho a Rebeca que « . . . el mayor servirá al menor» (25:23).
Esaú y Jacob eran hermanos gemelos, pero Esaú había nacido primero y era el heredero legal a la primogenitura de la familia, la cual incluía entre muchas cosas, ser heredero del pacto entre Dios y Abraham. La primogenitura era una conexión en la línea de los descendientes por la cual el Mesías iba a venir (Números 24:17-19). Comparándolo con Esaú, « . . . Jacob era varón quieto, que habitaba en tiendas» (Génesis 25:27). La palabra en el hebreo para «quieto», es la misma palabra que en otras Escrituras se traduce como «perfecto, recto, o sin mancha»; así, la palabra «quieto» se refiere al carácter de Jacob — un hombre de Dios. Dios dotó Su mayor alabanza y bendición para Jacob cuando dijo: «Porque JAH (Jehová) ha escogido a Jacob para Sí (mismo)» (Salmo 135:4). Parece que la admiración que Isaac tenía para su hijo mundano, Esaú, le causó ignorar la profecía que Dios le había revelado a Rebeca antes que los gemelos nacieran (Génesis 25:23), y escogió pasar por alto la venta que Esaú hizo de la primogenitura a Jacob. (25:34).
Al momento que Isaac se dio cuenta de que Rebeca había transversado su malvado plan, él rápida y abiertamente confirmó el Pacto de Abraham a Jacob, y así admitió el gran error que había cometido (28:3-4). No hay ninguna insinuación de que Isaac pensó que Rebeca había hecho algo malo. La palabra hebrea «Yaacob (Jacob)» es traducida «suplantador». Un significado de la palabra «suplantar» en el diccionario es — «tomar el lugar de otro o ser sustituto, especialmente por razón de una excelencia superior». « . . . No sea que haya algún fornicario, o profano, como Esaú, que por una sola comida vendió su primogenitura» (Hebreos 12:16).
El Pacto de Abraham es otorgado sobre Jacob; la visión de la escalera; el viaje a Padan-aram; el matrimonio de Jacob con Lea y con Raquel.
Cuando Isaac se dio cuenta de que Dios había desautorizado su plan de darle la primogenitura a Esaú y no a Jacob, pues Dios lo había cambiado: «se estremeció Isaac grandemente» (Génesis 27:33). Él consultó con Rebeca, no para acusarla de haber hecho algo injusto, pero para decidir cómo planificar mejor el futuro de Jacob. Ellos no querían que Jacob fuese como Esaú, que violó la Palabra de Dios y se casó con una mujer idólatra, «Y dijo Rebeca a Isaac. . . Si Jacob toma mujer. . . de las hijas de esta tierra, ¿para qué quiero la vida?» (27:46). «Entonces Isaac llamó a Jacob, y lo bendijo, y le mandó diciendo: No tomes mujer de las hijas de Canaán. Levántate, ve a Padan-aram . . . y toma allí mujer de las hijas de Labán, hermano de tu madre. Y el Dios Omnipotente te bendiga, y te haga fructificar. . . y te dé la bendición de Abraham, y a tu descendencia contigo» (28:1-4). Esto fue una admisión bien clara del mal que Isaac había hecho en intentar de defraudar a Jacob.
Sin embargo, Esaú rápidamente culpó a Jacob por sus problemas diciendo: « . . . y he aquí ahora (Jacob) ha tomado mi bendición» (27:36). Esaú no fue muy diferente a cualquier otro pecador que irresponsablemente le gusta culpar a otras personas por sus fracasos.
Isaac vivió 43 años después de intentar de frustar el plan de Dios, pero no se encuentra nada por escrito que muestre que Dios lo trató de usar otra vez. Pero para Jacob, no obstante, sus notables bendiciones empezaron desde la primera noche que se fue de la casa de sus padres.
Sin un mapa y sin un compañero, pero según el perfecto plan de Dios, Jacob dejó la casa de sus padres, para hacer un viaje de más de 804 kilómetros, y llegar sano y salvo a Padan-aram. Maravillosamente, Dios le guio hasta llegar a Raquel y a la casa del «padre de (su) madre» (28:2), donde fue bien recibido.
Así, igual que todos los que vivimos para agradar al Señor, Jacob también fue consagrado para ese propósito. Cuando los creyentes nos damos cuenta de esta gran verdad, nuestra actitud cambia hacia el cónyuge, el lugar de trabajo, las limitaciones físicas, y los tiempos difíciles de esta vida, pudiendo ver todo en la voluntad de Dios.
EL DIOS DE JACOB SIEMPRE ESTUVO CERCA DE EL.
Aquí se le refiere a Dios como «(el) Dios de Jacob» (75:9); por lo tanto, nos beneficiaremos mucho al estudiar la razón por qué Dios bendijo y protegió a Jacob. Esaú había amenazado matar a su hermano Jacob sobre la primogenitura que Dios había predicho que legítimamente le pertenecía a Jacob. Dios sabía de antemano que Esaú iba a despreciar la primogenitura y que Jacob la iba a apreciar tanto que arriesgaría aun su vida para obtener la bendición final de Isaac, confirmando que Dios había escogido a Jacob para que llegase a ser el heredero del Pacto con Abraham.
Veinte años después, cuando Esaú recibió la noticia que Jacob estaba en camino a casa, Esaú fue a encontrarse con él con 400 de sus siervos (Génesis 32:6). Esto parecía como si Esaú iba a cumplir con su promesa de matar a Jacob. Esta amenaza fue la que llevó a Jacob a orar toda una noche. «Así se quedó Jacob solo; y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba. Y cuando el varón vio que no podía con él, tocó en el sitio del encaje de su muslo, y se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con él luchaba. Y dijo: Déjame, porque raya el alba. Y Jacob le respondió: No te dejaré, si no me bendices. Y el varón le dijo: ¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Jacob. Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido. Entonces. . . lo bendijo allí». (32:24-29). « . . . Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra». (Colosenses 3:1-2).
EN EL PLAN DE DIOS,  ESAÚ YA NO ES EL ENEMIGO DE SU HERMANO JACOB.
El egoísmo de Labán y de sus hijos resultó en una actitud hostil contra Jacob, el siervo de Dios. « . . . Jehová dijo a Jacob: Vuélvete a la tierra de tus padres. . . Yo estaré contigo. . . Yo soy el Dios de Betel. . . donde Me hiciste un voto» (Génesis 31:3,13).
Después de 20 años, Jacob volvió a su casa con sus dos esposas, dos concubinas, once hijos y una hija, siervos, y mucho ganado. Esaú, quien había amenazado a Jacob a muerte (27:41-45), venía con 400 hombres: «Entonces Jacob tuvo gran temor» (32:3,6-7). Rápidamente, Jacob dividió en dos campamentos a sus esposas, sus hijos, y su ganado; pensando que si Esaú venía a destruir un campamento, el otro pudiera escapar en dirección opuesta. Entonces, en la oscuridad de la noche, Jacob se encontró solo. Él oró seriamente y le recordó al Señor que Él le había dicho: «Vuélvete a tu tierra y a tu parentela, y Yo te haré bien» (32:9). Aquí necesitamos aprender de Jacob esta lección: primeramente saber lo que Dios ha dicho, y después recordarle al Señor que estamos confiando en Sus promesas.
Jacob estaba también orando por el futuro cumplimiento del pacto de la promesa.
Este justo y humilde siervo del Señor pasó toda la noche solo, agonizando en oración, hasta que él fuese confirmado con el mayor honor dado por Dios a un hombre en la historia del Antiguo Testamento: «No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido» (32:28). Por los siglos el pueblo de Dios sería llamado por su nombre — israelitas. Por medio de su hijo Judá, Jesús el Mesías fue prometido (49:10).
Nosotros también estamos en un pacto de relación con Dios por medio de Jesucristo, nuestro Salvador y Mediador, quien declaró que la vida cristiana requiere una lucha: «Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán» (Lucas 13:24).
Mientras más amamos la Palabra de Dios, más amaremos al Dios de la Palabra.
Al pasar el tiempo, José, el hijo de Jacob, sería vendido como esclavo por sus hermanos. Pero vemos que, 20 años después, José les diría a ellos: «Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien» (Génesis 50:20).
Tesoros eternos están reservados para todos los que dejan atrás los placeres de este mundo para hacer la voluntad de Dios.
EL PLAN DE DIOS Y EL PACTO DE ABRAHAM ES RENOVADO.
Jacob continúa su camino a Betel, pues el Señor le había dicho: «Yo soy el Dios de Betel. . . vuélvete a la tierra de tu nacimiento» (Génesis 31:13). Pero, una corta distancia antes de llegar a Betel, Jacob descubrió bellos valles con buenas oportunidades para ganancias, cerca de «la ciudad de Siquem, que está en la tierra de Canaán» (cerca de la tierra prometida) (33:18).
Por diez años la estancia de Jacob en ese lugar parecía ser un buen éxito. Entonces leemos sobre la tragedia de su hija Dina: «Y la vio Siquem hijo de Hamor heveo, príncipe de aquella tierra, y la tomó, y se acostó con ella, y la deshonró» (34:2). En venganza de la violación de su hermana Dina, Simeón y Leví mataron a todos los hombres de Siquem.
A menudo, los buenos padres también se comprometen tanto en sus metas materialistas que se olvidan que Dios dijo: «Instruye al niño en su camino. . . (Proverbios 22:6). Esto a veces resulta en que las atracciones del mundo ganen el control del corazón de sus hijos, terminando en consecuencias trágicas.
Por seguro, de Jacob podemos aprender que la prosperidad de las cosas materiales no nos da una seguridad de que estamos en la voluntad de Dios. Pero la lección más grande que podemos aprender de las tragedias de Jacob es que no se rindió cuando se vio en situaciones desesperadas. Al contrario, él volvió al Señor, quien le había dicho: «Levántate y sube a Betel, y quédate allí; y haz un altar al Dios que te apareció cuando huías de tu hermano Esaú» (Génesis 35:1). Durante este tiempo de renovación, Jacob instruyó a su familia y les dijo: «Quitad los dioses ajenos que hay entre vosotros, y limpiaos, y mudad vuestros vestidos. Y levantémonos, y subamos a Betel; y haré allí altar al Dios que. . . ha estado conmigo en el camino que he andado» (35:2-3).
ENSEÑANZAS Y PRINCIPIOS DESDE JACOB, HASTA NUESTROS DÍAS.
Hay tres cosas que Jacob le dijo a su familia que están en paralelo con los cristianos.
 1. Primeramente él dijo: «Quitad los dioses ajenos. . . », Un buen recordatorio que los hábitos de nuestros pecados deben ser abandonados.
2. En segundo lugar: «. . . y limpiaos, y mudad vuestros vestidos», un recordatorio de «Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor» (Hebreos 12:14).
3. En tercer lugar, debemos de adorar solamente a Dios: «. . . Al Señor tu Dios adorarás, y a Él solo servirás» (Lucas 4:8).
Nuestra participación en nuestros cultos de adoración en la iglesia local es una manera muy importante por la cual Dios nos habla, por la escuela bíblica, por los estudios bíblicos, y por los sermones. « . . . Cristo amó a la iglesia, y se entregó a Sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la Palabra» (Efesios 5:25-26).
El compromiso sin moral siempre termina en la desilusión.

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