lunes, 27 de marzo de 2017

JESUCRISTO DIO VUELTA A MI CORAZÓN Y AHORA LO TENGO A ÉL.

JESUCRISTO DIO VUELTA A MI CORAZÓN Y AHORA LO TENGO A ÉL.
«VUELTA A MI CORAZÓN»
Por Carlos Rey.
Todos los presentes en aquella reunión habían tenido un encuentro con Dios. Uno por uno se levantaron y contaron lo que Jesucristo había hecho por ellos. Unos contaban cómo los había liberado de sus vicios, otros contaban cómo había resuelto sus problemas conyugales, y aun otros contaban cómo había suplido sus necesidades materiales. Entre ellos había una ancianita indígena que también quería hablar.
La mujer se levantó y, con marcada dificultad, dijo con el acento de su dialecto indígena: «Yo no sé cómo hablar, pero sí sé lo que siento dentro de mí. Desde que acepté a Cristo en mi vida, es como si Él le ha dado vuelta a mi corazón. Todo es muy diferente. Mis pensamientos son diferentes. Mi vida es diferente. Yo no sé cómo decirlo, excepto que Dios le ha dado vuelta a mi corazón.»
Mientras grandes teólogos se devanan los sesos tratando de definir a Dios, de reducir las enseñanzas de Jesucristo a filosofías humanas y de relegar sus milagros a la esfera de lo común y corriente, esta anciana indígena, sin escuela ni erudición, define la doctrina de la regeneración en una frase que encierra lo que otros han tratado de definir en grandes tomos: vuelta al corazón.
Esta es una magnífica ilustración de la gran diferencia que hay entre la teoría y la experiencia. Una cosa es estudiar religión, y otra es conocer a Dios. Así mismo una cosa es poder dar un florido discurso sobre la vida mística de Jesús de Nazaret, y otra es tener a ese Jesús motivando cada acción de nuestra vida. Si hemos de hallar la paz y la tranquilidad que proceden de haber hallado el verdadero sentido de la vida, lo que necesitamos no es una definición teológica de la Segunda Persona de la Santísima Trinidad sino tener a Cristo mismo viviendo en nuestro ser. La definición de la anciana indígena, «vuelta al corazón», es lo que realmente ocurre cuando permitimos que Cristo fije su residencia en nuestro ser.
 En un tiempo corríamos tras el pecado; ahora corremos tras la justicia divina. En un tiempo arrastrábamos las cadenas del vicio; ahora somos libres como los pájaros. Todo esto está comprendido en las palabras positivas de la anciana indígena. Es, en realidad, lo que significa ser regenerado: vuelta al corazón.
Si no le hemos dado oportunidad a Cristo de que fije su residencia en nuestro corazón, no somos cristianos en el sentido más estricto de la palabra. ¿Somos, de veras, seguidores de Cristo? ¿Hemos permitido que le dé vuelta a nuestro corazón?
Mateo 16:25: “Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de Mí, la hallará.”
Cuando el pastor Rogers era niño y encontraba algo que no le pertenecía, solía decir: “El que lo halla se lo guarda, el que lo pierde, llora.” Pero, ¿sabe lo que el apóstol Pablo enseñó? Los que guardan, lloran, los que pierden, hallan. Él dijo en Filipenses 3:7-8: “Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo.” La religión no nos salva. Jesús es quien salva y nos está llamando no sólo a abandonar nuestros pecados, sino también a que dejemos atrás nuestra propia justicia u obras.
¿A qué se sujeta usted en esta vida que le da seguridad? ¡Suéltelo para la gloria de Dios! Confíe en que Él puede proveer para todas sus necesidades.
Salmos 55:22: “Echa sobre Jehová tu carga, y Él te sustentará; no dejará para siempre caído al justo.”
Una anécdota relata que un hombre tenía un perro al cual le fascinaba el agua. Un día el perro jugaba en el lago cuando el hombre decidió que era hora de marcharse. Él llamó al perro, más éste no hizo caso. Le llamó varias veces y el perro no obedecía. Era un perro muy bien entrenado, pero aún así no venía a su amo. Finalmente el hombre lanzó un palo en el agua. El perro lo vio, nadó hacia éste, lo recogió y lo llevó a los pies de su amo. Puede ser que Dios le haya dado una carga porque Él no logra que usted le preste atención. Él desea que usted vaya y ponga esa carga a los pies del Maestro.
¿Está usted hoy apesadumbrado? Deposite sus cargas a los pies del Maestro y permita que su paz inunde su corazón.
Efesios 3:20: “Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros.”
El ser hallado en Jesús, enseña Pablo, es más valioso que toda su religión, raza y rituales. Es una relación con el Dios Todopoderoso: Jesús. El apóstol Pablo dice: “Estoy cansado de estar tratando, voy a empezar a confiar.” Básicamente, Pablo vivía tratando de ganarse su entrada al cielo por medio de sus obras, antes de su encuentro con Jesucristo camino a Damasco (ver Hechos 9). El legalismo es algo terrible. Es un amo tosco de arduas tareas bajo el cual nadie triunfa. La libertad, no el legalismo, es lo que el Señor Jesucristo ofrece. Libertad, no esclavitud. Relación, no religión.
Lea Colosenses 3: 8-14. ¿Qué significa que Cristo sea su “todo”?
3:8 Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca.
3:9 No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos,
3:10 y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno,
3:11 donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos.
3:12 Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia;
3:13 soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.
3:14 Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto.
POR AMOR SOMOS ESCOGIDOS.
“Según nos escogió en Él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de Él” (Efesios 1:4).

La Santa Trinidad trabajó unida para nuestra salvación. Dios el Padre la pensó, Dios el Espíritu Santo la formó, y Dios el Hijo la compró. Los creyentes cristianos son los escogidos especiales de Dios. ¿Es usted un creyente? Entonces, ustedes un hijo deseado. Su salvación no es algo que solo sucedió. En Efesios 1:4 se nos dice que “nos escogió en Él antes de la fundación del mundo”. Antes de que Él suspendiera las estrellas en el espacio, antes de que sembrara las semillas, antes de que edificara las montañas, antes de todo eso, nosotros estuvimos en el corazón y la mente de Dios. ¡Cuán especial es usted para Dios! Dios el Padre envió su Espíritu al mundo para seleccionar y santificar a sus hijos para su santo propósito. Somos totalmente dependientes de su Espíritu para nuestra salvación. Y nosotros le buscamos ¡porque Él nos buscó primero!

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