JESUCRISTO
DIO VUELTA A MI CORAZÓN Y AHORA LO TENGO A ÉL.
«VUELTA A MI
CORAZÓN»
Por Carlos
Rey.
Todos los
presentes en aquella reunión habían tenido un encuentro con Dios. Uno por uno
se levantaron y contaron lo que Jesucristo había hecho por ellos. Unos contaban
cómo los había liberado de sus vicios, otros contaban cómo había resuelto sus
problemas conyugales, y aun otros contaban cómo había suplido sus necesidades
materiales. Entre ellos había una ancianita indígena que también quería hablar.
La mujer se
levantó y, con marcada dificultad, dijo con el acento de su dialecto indígena:
«Yo no sé cómo hablar, pero sí sé lo que siento dentro de mí. Desde que acepté
a Cristo en mi vida, es como si Él le ha dado vuelta a mi corazón. Todo es muy
diferente. Mis pensamientos son diferentes. Mi vida es diferente. Yo no sé cómo
decirlo, excepto que Dios le ha dado vuelta a mi corazón.»
Mientras
grandes teólogos se devanan los sesos tratando de definir a Dios, de reducir
las enseñanzas de Jesucristo a filosofías humanas y de relegar sus milagros a
la esfera de lo común y corriente, esta anciana indígena, sin escuela ni
erudición, define la doctrina de la regeneración en una frase que encierra lo
que otros han tratado de definir en grandes tomos: vuelta al corazón.
Esta es una
magnífica ilustración de la gran diferencia que hay entre la teoría y la
experiencia. Una cosa es estudiar religión, y otra es conocer a Dios. Así mismo
una cosa es poder dar un florido discurso sobre la vida mística de Jesús de
Nazaret, y otra es tener a ese Jesús motivando cada acción de nuestra vida. Si
hemos de hallar la paz y la tranquilidad que proceden de haber hallado el
verdadero sentido de la vida, lo que necesitamos no es una definición teológica
de la Segunda Persona de la Santísima Trinidad sino tener a Cristo mismo
viviendo en nuestro ser. La
definición de la anciana indígena, «vuelta al corazón», es lo que realmente
ocurre cuando permitimos que Cristo fije su residencia en nuestro ser.
En un tiempo corríamos tras el pecado; ahora
corremos tras la justicia divina. En un tiempo arrastrábamos las cadenas del
vicio; ahora somos libres como los pájaros. Todo esto está comprendido en las
palabras positivas de la anciana indígena. Es, en realidad, lo que significa
ser regenerado: vuelta al corazón.
Si no le
hemos dado oportunidad a Cristo de que fije su residencia en nuestro corazón,
no somos cristianos en el sentido más estricto de la palabra. ¿Somos, de veras,
seguidores de Cristo? ¿Hemos permitido que le dé vuelta a nuestro corazón?
Mateo 16:25:
“Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su
vida por causa de Mí, la hallará.”
Cuando el
pastor Rogers era niño y encontraba algo que no le pertenecía, solía decir: “El
que lo halla se lo guarda, el que lo pierde, llora.” Pero, ¿sabe lo que el
apóstol Pablo enseñó? Los que guardan, lloran, los que pierden, hallan. Él dijo
en Filipenses 3:7-8: “Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado
como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como
pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor
del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo.” La
religión no nos salva. Jesús es quien salva y nos está llamando no sólo a
abandonar nuestros pecados, sino también a que dejemos atrás nuestra propia
justicia u obras.
¿A qué se
sujeta usted en esta vida que le da seguridad? ¡Suéltelo para la gloria de
Dios! Confíe en que Él puede proveer para todas sus necesidades.
Salmos
55:22: “Echa sobre Jehová tu carga, y Él te sustentará; no dejará para siempre
caído al justo.”
Una anécdota
relata que un hombre tenía un perro al cual le fascinaba el agua. Un día el
perro jugaba en el lago cuando el hombre decidió que era hora de marcharse. Él
llamó al perro, más éste no hizo caso. Le llamó varias veces y el perro no
obedecía. Era un perro muy bien entrenado, pero aún así no venía a su amo.
Finalmente el hombre lanzó un palo en el agua. El perro lo vio, nadó hacia éste,
lo recogió y lo llevó a los pies de su amo. Puede ser que Dios le haya dado una
carga porque Él no logra que usted le preste atención. Él desea que usted vaya
y ponga esa carga a los pies del Maestro.
¿Está usted
hoy apesadumbrado? Deposite sus cargas a los pies del Maestro y permita que su
paz inunde su corazón.
Efesios
3:20: “Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más
abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en
nosotros.”
El ser
hallado en Jesús, enseña Pablo, es más valioso que toda su religión, raza y
rituales. Es una relación con el Dios Todopoderoso: Jesús. El apóstol Pablo
dice: “Estoy cansado de estar tratando, voy a empezar a confiar.” Básicamente,
Pablo vivía tratando de ganarse su entrada al cielo por medio de sus obras,
antes de su encuentro con Jesucristo camino a Damasco (ver Hechos 9). El
legalismo es algo terrible. Es un amo tosco de arduas tareas bajo el cual nadie
triunfa. La libertad, no el legalismo, es lo que el Señor Jesucristo ofrece.
Libertad, no esclavitud. Relación, no religión.
Lea
Colosenses 3: 8-14. ¿Qué significa que Cristo sea su “todo”?
3:8 Pero
ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia,
palabras deshonestas de vuestra boca.
3:9 No
mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus
hechos,
3:10 y
revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va
renovando hasta el conocimiento pleno,
3:11 donde
no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita,
siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos.
3:12
Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable
misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia;
3:13
soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja
contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.
3:14 Y sobre
todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto.
POR AMOR
SOMOS ESCOGIDOS.
“Según nos
escogió en Él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin
mancha delante de Él” (Efesios 1:4).
La Santa
Trinidad trabajó unida para nuestra salvación. Dios el Padre la pensó, Dios el
Espíritu Santo la formó, y Dios el Hijo la compró. Los creyentes cristianos son
los escogidos especiales de Dios. ¿Es usted un creyente? Entonces, ustedes un
hijo deseado. Su salvación no es algo que solo sucedió. En Efesios 1:4 se nos
dice que “nos escogió en Él antes de la fundación del mundo”. Antes de que Él
suspendiera las estrellas en el espacio, antes de que sembrara las semillas,
antes de que edificara las montañas, antes de todo eso, nosotros estuvimos en
el corazón y la mente de Dios. ¡Cuán especial es usted para Dios! Dios el Padre
envió su Espíritu al mundo para seleccionar y santificar a sus hijos para su
santo propósito. Somos totalmente dependientes de su Espíritu para nuestra
salvación. Y nosotros le buscamos ¡porque Él nos buscó primero!
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